sábado, 2 de octubre de 2010

gobiernos totalitaristas


Se conoce como totalitarismos a las ideologías, los movimientos y los regímenes políticos donde la libertad está seriamente restringida y el Estado ejerce todo el poder sin divisiones ni restricciones (de un modo mucho más intenso, extenso y evolucionado que el teórico poder absoluto de las monarquías del Antiguo Régimen).

Los totalitarismos, o regímenes totalitarios, se diferencian de otros regímenes autocráticos por ser dirigidos por un partido político que pretende ser o se comporta en la práctica como partido único y se funde con las instituciones del Estado. Estos regímenes, por lo general exaltan la figura de un personaje que tiene un poder ilimitado que alcanza todos los ámbitos y se manifiesta a través de la autoridad ejercida jerárquicamente. Impulsan un movimiento de masas en el que se pretende encuadrar a toda la sociedad (con el propósito de formar un hombre nuevo en una sociedad perfecta), y hacen uso intenso de la propaganda y de distintos mecanismos de control social y de represión como la policía secreta o los campos de concentración.


Italia: Fue en Italia donde nació el primer gobierno de este corte. los italianos se vieron defraudados por los tratados de paz, sobre todo en los puntos referente a las colonias y los territorios austríacos. La crisis económica que siguió a la guerra produjo el fortalecimiento del partido comunista, al que se adhirieron la mayoría de los obreros. Pero las teorías socialistas también fracasaron y el vacío de poder fue ocupado por una nueva corriente político - social: el Fascio de Combattimento. El jefe de este movimiento era Benito Mussolini, nacido en 1883 en un pueblo de la Romaña. Desde joven se afilió al partido socialista, desde donde condenó la guerra en la Tripolitania (Libia) y en Turquía. Dirigió el diario del partido, el “Avanti!”, desde el cual inició una campaña revolucionaria que le valió muchos encarcelamientos. Pero al iniciarse la guerra, Mussolini atacó duramente la política pacifista de su partido, por lo que fue expulsado del mismo. Despechado, fundó el diario “Il Popolo d’Italia”, de tendencias nacionalistas. El 23 de marzo de 1923 creó en Milán una organización política propia, que muy pronto captó adeptos en todas las clases sociales: había nacido el partido Fascista. La agrupación se destacó por revivir las costumbres del imperio romano: utilizaron el haz o Fascio como símbolo de poder, al igual que otrora lo hiciesen los cónsules del Imperio Romano, y popularizaron el saludo de la mano alzada, característico de la sociedad italiana de la Edad Antigua. La nueva congregación se popularizó espontáneamente, ganado algunas bancas del Parlamento en 1919, aunque siendo superado por los socialistas. El programa fascista incluía la sanción de una nueva ley fundamental, en la que los obreros serían representados, en detrimento de la Iglesia y la monarquía. Pero la situación cambió por completo en 1920: el partido Socialista se dividió en dos grupos enemigos, y la crisis política produjo un acercamiento popular hacia la derecha. La clase media reclamaba un hombre fuerte que acabase de una vez con el sufrimiento, y Mussolini se sintió identificado. Para lograr la aceptación general, borró toda medida radical de su programa, llegando a prohibir la publicación del plan revolucionario original de los fascistas (1922). El gabinete liberal, dueño del poder, no midió las consecuencias de tamañas maniobras: el 28 de octubre de 1922, cuatro colaboradores de Mussolini arengaron a casi 50.000 “camisas negras” (nombre de las tropas de choque del fascismo) a entrar en Roma, donde se introdujeron sin encontrar resistencia del gobierno. La Gran Marcha sobre Roma, como es conocido este episodio, produjo el nombramiento de Mussolini como Primer Ministro de Italia, con lo cual tomó las riendas del poder sin ningún tipo de oposición.

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